Categoría: consejos

lo que nadie te cuenta de la carrera de arquitectura, contado desde la experiencia de estudio y de obra. cómo empezar a proyectar cuando tienes la lámina en blanco, cómo se planifica una entrega hacia atrás para no acabar sin dormir, qué va a pasar de verdad en primero mes a mes, y cómo aprender un programa sin perder semanas en tutoriales. sin motivación de escaparate: lo que pasa, cuándo pasa y qué hacer con ello.

  • primero de arquitectura: lo que va a pasar en tu primer año

    primero de arquitectura: lo que va a pasar en tu primer año

    Empezar primero de arquitectura es entrar en un sitio donde, durante unos meses, casi nada de lo que sabías te sirve. Duele, y casi todo el mundo cree que le pasa solo a él. No es así: es exactamente cómo está diseñado el curso. Aquí tienes el año entero, mes a mes, para que cuando llegue cada cosa sepas verla venir.

    Primero está diseñado para descolocarte

    No es un fallo de la escuela: es el método. Durante el primer año te van a quitar la forma de mirar que traías de casa antes de darte otra con la que sustituirla, y ese hueco incómodo es justo el sitio donde se aprende. El problema no es el hueco: es que nadie te avisa de que existe. Por eso cada persona del aula acaba pensando que la única que no se entera es ella.

    Agosto: no compres la lista entera

    En agosto aparece siempre la misma lista en el grupo de clase: el portátil potente ya, la tableta gráfica, el estuche entero de rotuladores, la impresora, el tablero. Haces la cuenta y te sale un dinero que en muchos casos ni siquiera es tuyo, y eso pesa más de lo que se admite.

    Casi nada de esa lista lo vas a tocar en octubre. Lo que de verdad usas el primer mes cabe en una mochila:

    • Un portaminas.
    • Un escalímetro.
    • Un cutter con su base de corte.
    • Un cuaderno que puedas llevar siempre encima.
    • Cinta de papel, de la que vas a gastar más de la que crees.

    Con el portátil, empieza con el que ya tengas en casa. En octubre sabrás qué software te piden de verdad y comprarás con criterio, en vez de comprar por miedo en agosto. Y el material de segunda mano de los cursos superiores existe, funciona y cuesta la mitad: en septiembre los tablones se llenan.

    Si quieres el detalle de qué comprar y por qué, lo tienes en utensilios para proyectar.

    Semana 1: hablan un idioma que no tienes

    El primer día te encuentras con algo que no esperabas. Y lo peor no son las palabras raras: son las que crees que ya entiendes. Nadie va a parar la clase para traducírtelas, y levantar la mano delante de treinta personas da un vértigo que ya conoces.

    Así que hazlo por escrito. Abre una página del cuaderno, pártela en dos columnas y apunta desde el primer día lo que dicen y lo que quieren decir. Te dejo cuatro para empezar:

    Lo que dicenLo que quieren decir
    el conceptoNo una frase bonita: la decisión que ordena todo lo demás
    el programaQué tiene que caber dentro, y para quién
    «no está resuelto»Funciona en el dibujo, no funcionaría construido
    «le falta intención»Has resuelto problemas, pero no has decidido nada

    Preguntar en clase no te deja en evidencia: te deja aprobado. Y si te viene bien tener el diccionario a mano, hay uno dentro de guIA, gratis y sin registro. Si prefieres una libreta, una libreta hace el mismo trabajo: lo que cuenta es el hábito, no dónde lo apuntes.

    Semana 3: la primera corrección le habla al papel, no a ti

    Cuelgas tu lámina en la pared, delante de todo el mundo, y en treinta segundos te explican que lo que has hecho durante dos semanas no se sostiene. Te va a doler más de lo que esperas, y te lo vas a tomar como algo personal porque llevas dos semanas metido ahí dentro.

    Aquí está el giro que cambia el curso entero: la corrección le habla al papel. El profesor no te está midiendo; está enseñando en voz alta cómo se mira un proyecto y usa el tuyo porque es el que está colgado. Y hay algo que se repite cada año: el que sale peor parado en octubre suele ser el que más ha mejorado en junio, porque llevó algo a la mesa. Quien no cuelga nada, no recibe nada.

    Tres cosas concretas para la próxima:

    1. Lleva tres opciones, no una. Con una sola la defiendes; con tres, la decides. Y decidir es exactamente lo que te están pidiendo.
    2. No discutas, pregunta. Si te dicen que no lo ven, la frase que lo desbloquea es «¿qué tendrías que ver aquí para creértelo?». Eso convierte una corrección vaga en un encargo concreto.
    3. Vuelve la semana siguiente con eso cambiado. Es lo único que se recuerda de ti en todo el curso.

    Octubre: el que dibuja precioso

    Aparece siempre, y te hundes un poco porque tú no dibujas así. Vale la pena entender por qué pasa: en primero la mano se ve y el pensamiento no. Una destreza la admiras en dos segundos; la otra tarda años en notarse. Por eso en octubre parece que la clase está llena de genios.

    Así que no copies su lámina: copia su proceso. Pregúntale cómo empezó, no qué rotulador usa. Casi siempre la respuesta es aburrida: empezó antes que tú y probó más cosas antes de quedarse con una.

    Noviembre: la noche en blanco no es una hazaña

    Con la primera entrega llega la mitología: el que no duerme, el que lleva tres noches, el que lo hizo todo el último día. Te lo van a contar como si fuera una proeza. En un estudio nadie admira al que lo resuelve la última noche: lo que se paga es lo contrario, saber planificar hacia atrás. La noche en blanco no es una medalla, es una planificación que ha fallado.

    Se hace al revés: escribes la fecha de entrega y vas hacia atrás.

    • El día de la entrega no se diseña ni se imprime. Solo se entrega.
    • El día antes se imprime y se monta. El plóter siempre se atasca el día de la entrega: no es mala suerte, es que todo el mundo imprime a la vez.
    • Tres días antes se deja de diseñar. Lo que no esté decidido a esas alturas, no entra.

    Un calendario de papel pegado en la pared hace este trabajo perfectamente. Si prefieres tenerlo con el curso entero cargado, plan es gratis y no pide registro. Lo que importa es que la fecha esté escrita en un sitio que veas todos los días.

    Enero: «es que yo no soy de números»

    Esa frase te va a costar cuatro años. Media carrera es técnica, y es justo la mitad que se aprende con método y no con talento: no hace falta ser bueno en matemáticas, hace falta entender por dónde baja el peso de un edificio hasta el suelo. Cuando ves eso, las fórmulas dejan de ser magia y se convierten en contabilidad.

    Quien la aparca en primero la paga en cuarto, y otra vez en el estudio el día que tiene que hablar con un estructurista. Si quieres empezar por ahí, bajada de cargas es el mejor sitio: el viaje del peso de un edificio hasta el terreno, explicado entero.

    Febrero: el mes del que menos se habla

    Febrero es cuando la gente se plantea dejarlo. Llevas medio curso, ya no tienes la novedad de septiembre, todavía no ves la mejora y aparece la idea de que a lo mejor te has equivocado de carrera.

    No es un veredicto: es una curva, y la tiene todo el mundo. Y hay algo que funciona muy bien y no cuesta nada: habla con alguien de tercero. Te va a contar exactamente lo mismo, y en ese momento el problema deja de ser tuyo y pasa a ser del curso.

    Lo único que de verdad tienes que llevarte

    No vas a ir bien todo el curso. Eso no le pasa a nadie. Vas a ir bien a ratos, con semanas malas entre medias, y eso ya es ir bien. El resto es aguantar los meses en los que no ves el progreso, porque en arquitectura el progreso se ve siempre con retraso: mirando hacia atrás, nunca en el momento.


    Todo lo que hay en miradapropia es gratis y no pide registro. Para el curso que empieza:

    • universidades — las escuelas de arquitectura de España, con nota de corte y búsqueda por proximidad.
    • comparador de portátiles — para cuando llegue octubre.
    • plan — el calendario del curso y de las entregas.
    • guIA — dudas, vocabulario y análisis de tu proyecto.
    • entregas — montar el PDF de la entrega.
  • qué visitar cerca de tu escuela de arquitectura: 54 obras a menos de 1h30

    qué visitar cerca de tu escuela de arquitectura: 54 obras a menos de 1h30

    enlaces de interés

    01 — madrid, alcalá y toledo

    02 — barcelona y sant cugat

    03 — girona

    04 — reus y tarragona

    05 — valencia y alicante

    06 — cartagena y murcia

    07 — sevilla

    08 — granada y málaga

    09 — zaragoza

    10 — san sebastián, pamplona y bilbao

    11 — valladolid

    12 — a coruña

    13 — las palmas

    leelo

    ¡Hola, curiosos! La carrera de arquitectura no empieza en septiembre: empieza el día que empiezas a mirar los edificios de otra manera. Y para eso no hace falta haber pisado la escuela, basta con una tarde libre, un coche y saber a dónde ir.

    Aquí tienes el mapa completo. Hemos recorrido las 19 ciudades con escuela de arquitectura de España y reunido, para cada una, qué merece la pena visitar a menos de hora y media en coche. Son 54 obras entre imprescindibles y escapadas que casi nadie hace, que es donde está lo bueno. La regla es sencilla: todo lo que aparece está dentro de ese radio de hora y media desde una escuela. Cada obra tiene su enlace a Google Earth más arriba, en «Enlaces de interés», para que la veas en 3D antes de ir.

    Madrid, Alcalá y Toledo

    Madrid concentra ocho escuelas, así que empezamos aquí. La primera parada es el Gimnasio Maravillas, de Alejandro de la Sota, en la calle Joaquín Costa: desde la acera parece un muro más, y esa es justamente la lección, porque detrás se esconde la sección más estudiada de la arquitectura española del siglo XX. Es de esas obras que hay que ver a pie, porque desde el aire no cuentan nada.

    Después, Torres Blancas, de Sáenz de Oiza: un árbol de hormigón de 1969 en el que las terrazas curvas van creciendo alrededor del tronco de comunicaciones. En el paseo del Prado, el CaixaForum de Herzog & de Meuron, con la planta baja retirada para que el edificio parezca flotar y el jardín vertical de Patrick Blanc a un lado. Y, si puedes, el Hipódromo de la Zarzuela: las marquesinas de Eduardo Torroja, de 1935, son láminas de hormigón que se afinan hasta unos pocos centímetros de canto y todavía parecen un truco.

    ¿La escapada? Toledo entero, a una hora. Y un apunte: en Toledo y en Alcalá también hay escuela, así que, si estudias allí, la ecuación se invierte y Madrid es tu escapada.

    Barcelona y Sant Cugat

    En Barcelona el problema no es qué ver, sino elegir. El consejo es empezar por el Pabellón de Mies van der Rohe y pasar media hora dentro, sin prisa y sin móvil: desde el satélite casi no existe, y esa es la primera lección, que hay arquitectura que solo vive a la altura de los ojos.

    A veinte minutos, en Sant Just Desvern, está Walden 7: el sueño de Ricardo Bofill, un pueblo entero metido en un edificio rojo, con patios y puentes por dentro, y con la antigua fábrica de cemento donde montó su estudio justo al lado. Y la escapada que casi nadie hace, a cincuenta minutos, es el cementerio de Igualada, de Enric Miralles y Carme Pinós: desde el aire es una cicatriz en el paisaje, un camino que baja entre taludes de nichos, y se recorre en silencio. Si estudias en la ETSAV, en Sant Cugat, tienes además un claustro románico a cinco minutos de clase.

    Girona

    Girona tiene truco. La ciudad ya vale el viaje —el Barri Vell y una catedral con la nave gótica más ancha del mundo, veintitrés metros sin una sola columna—, pero el motivo real de esta parada está a cincuenta minutos, en Olot. Es territorio de RCR, el estudio que ganó el Pritzker en 2017 sin moverse de su comarca.

    Busca el estadio de atletismo de Tossols-Basil: una pista encajada en el bosque sin talar un solo árbol, con los troncos formando parte de la instalación. Así trabaja RCR, dejando que el paisaje mande. Y a cinco minutos, los pabellones de Les Cols: acero cortén, vidrio y niebla volcánica. Si empiezas en Girona, empieza por ahí.

    Reus y Tarragona

    Reus presume de ser la ciudad natal de Gaudí, pero lo que se visita de verdad es otra cosa: la Casa Navàs, de Domènech i Montaner, en plena plaza del Mercadal, uno de los pocos interiores modernistas que se conservan completos. Del mismo arquitecto es el Institut Pere Mata, un psiquiátrico modernista organizado en pabellones entre jardines.

    A quince minutos, Tarragona: dos mil años de anfiteatro romano en primera línea de mar, con la muralla y el acueducto para completar el día. Y la escapada buena son las catedrales del vino de Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí, repartidas por el Priorat y la Terra Alta. La de Pinell de Brai, a una hora, se visita por dentro: bóvedas de catedral al servicio de una cooperativa agrícola, en un pueblo de mil habitantes.

    Valencia y Alicante

    En Valencia está, cómo no, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, de Calatrava. Recórrela con ojos de estudiante —estructura, escala, materiales, mantenimiento—, porque es lo más fotografiado y lo más discutido de su autor y conviene sacar conclusiones propias. Dentro del mismo complejo, las láminas de hormigón del Oceanogràfic son herencia de Félix Candela. Y en el centro, la Lonja de la Seda: gótico civil del siglo XV, con columnas helicoidales que parecen palmeras torcidas, Patrimonio de la Humanidad.

    Si estudias en Alicante, tu propio campus es un catálogo de arquitectura española de los noventa, con el museo semienterrado de Alfredo Payá como pieza estrella. Y la escapada la compartís las dos escuelas: Calpe, con la Muralla Roja de Bofill —la de todas las fotos— y Xanadú al lado. Son residenciales privados, se ven solo desde fuera y, aun así, el viaje compensa: cincuenta minutos desde Alicante, hora y cuarto desde Valencia.

    Cartagena y Murcia

    Cartagena es de las escuelas con más suerte, y casi nadie lo dice. Sin salir de la ciudad tienes el auditorio El Batel, de Selgascano, una caja translúcida asomada al puerto que de noche se enciende como una lámpara, y el Museo del Teatro Romano, de Rafael Moneo: el teatro está incrustado en pleno centro y el museo te lleva por debajo de las casas hasta desembocar en la grada. Una lección de cómo se entra en una ciudad histórica.

    A cuarenta y cinco minutos, Murcia, con el edificio municipal de Moneo plantado frente a la catedral: una fachada pensada como un retablo. Compara las dos obras del mismo arquitecto y ya tienes hecho tu primer análisis del curso.

    Sevilla

    En Sevilla, la parada contemporánea son las Setas, de Jürgen Mayer: una de las estructuras de madera más grandes del mundo flotando sobre el casco histórico, y un debate permanente sobre lo que cuesta un icono. Después baja al Real Alcázar, porque el mudéjar es la primera prueba de que la arquitectura española nunca fue de un solo estilo. En la Cartuja, el Pabellón de la Navegación, de Vázquez Consuegra, es lo mejor que dejó la Expo del 92.

    Y la escapada: Itálica, a veinte minutos, un anfiteatro romano para veinticinco mil personas que probablemente tendrás casi para ti.

    Granada y Málaga

    Granada juega con ventaja. La Alhambra no es una visita, es la asignatura que vas a repetir todos los años de la carrera: desde arriba se lee la lógica de la colina —los palacios, los patios, el agua bajando desde el Generalife— y da igual cuántas veces vuelvas, porque cambia con la estación. En clave contemporánea, el Museo de la Memoria de Andalucía, de Campo Baeza, responde con un patio elíptico al palacio de Carlos V. Y un detalle: tu propia escuela, en el Campo del Príncipe, es una rehabilitación premiada de Víctor López Cotelo, así que estudiarás dentro de una lección.

    A hora y media, Málaga: el cubo de colores del Pompidou en el Muelle Uno y la Alcazaba, con sus patios de agua y sombra, como versión de bolsillo de lo que viste en Granada. Los dos bloques se cruzan, porque desde cualquiera de las dos escuelas tienes la otra ciudad a tiro.

    Zaragoza

    Zaragoza es la ciudad donde las exposiciones dejaron huella. De la Expo de 2008 quedan el Pabellón Puente de Zaha Hadid, tumbado sobre el Ebro como un nenúfar y hoy reconvertido en Mobility City, y la Torre del Agua. Del siglo XI, la Aljafería: yeserías que son puro encaje, joya del arte taifa y hoy sede de las Cortes de Aragón. Y del presente, el CaixaForum de Carme Pinós, con dos cajas suspendidas sobre el vestíbulo. Todo esto, sin coger el coche.

    San Sebastián, Pamplona y Bilbao

    El norte es un triángulo perfecto. En San Sebastián, el Kursaal de Moneo: dos cubos de vidrio varados en la desembocadura del Urumea, girados a propósito porque pertenecen al mar y no a la calle, y que de noche son dos linternas. Al final de Ondarreta, el Peine del Viento, donde Chillida y Peña Ganchegui demostraron que una plaza puede ser el final del mundo; y a quince minutos, Chillida Leku, el caserío y el bosque donde vive su obra.

    Si estudias en Pamplona, tienes el Museo Universidad de Navarra, también de Moneo, dentro del campus, y a veinte minutos el Museo Oteiza, en Alzuza, un cubo de hormigón rojizo de Sáenz de Oiza. Y desde San Sebastián, Bilbao a una hora: el Guggenheim de Gehry —titanio retorciéndose en la ría, el edificio que cambió una ciudad entera—, el metro de Foster y la Azkuna Zentroa. Un fin de semana y has visto medio siglo de arquitectura.

    Valladolid

    Valladolid tiene lo suyo —la fachada de San Pablo, tallada como un retablo de piedra, y el Museo Patio Herreriano, arte contemporáneo en un antiguo monasterio—, pero su verdadero superpoder es la posición. A una hora, Zamora: el Consejo Consultivo de Campo Baeza, una caja de vidrio dentro de un recinto de piedra, más una de las mayores concentraciones de románico de Europa.

    A hora y media, León, con el MUSAC de Mansilla y Tuñón, cuya cubierta en dientes de sierra y fachada de vidrios de colores traducen una vidriera de la catedral que tienes a diez minutos. Y a hora y cuarto, Salamanca. Pocas escuelas tienen tanto en un radio tan corto.

    A Coruña

    En A Coruña tienes la Domus, de Arata Isozaki, una vela curvada de pizarra frente al mar, y la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo que sigue en funcionamiento: dos mil años encendido. Pero la escapada es de las mejores del mapa: Santiago, a menos de una hora.

    Allí está el CGAC de Álvaro Siza, granito gallego y luz medida, y en el monte Gaiás la Cidade da Cultura de Eisenman: la colina entera convertida en edificio, con las calles talladas como una concha. Gigantesca, inacabada, polémica. Precisamente por eso hay que pisarla, para formarte una opinión propia, que de eso va este canal.

    Las Palmas

    Y cruzamos a Canarias. En Las Palmas tienes el CAAM, con la intervención blanca de Sáenz de Oiza escondida tras una fachada histórica de Vegueta, y el Auditorio Alfredo Kraus, de Óscar Tusquets, cerrando la playa de Las Canteras como un castillo frente al Atlántico. Entre ambos, una ciudad llena de racionalismo de Miguel Martín-Fernández de la Torre. En una isla, hora y media de radio te lo da prácticamente todo.


    Hasta aquí el mapa. Un último consejo: no intentes verlo todo. Elige dos o tres sitios y ve con calma, que mirar despacio es la mitad del oficio.

    Y si todavía no sabes dónde vas a estudiar, en universidades.miradapropia.org tienes el buscador con todas las escuelas de arquitectura de España, sus notas de corte y la búsqueda por cercanía. Cuéntanos en los comentarios de qué escuela eres y qué has visitado, que este canal se construye con eso. ¡Hasta la próxima!

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  • el verano del estudiante de arquitectura: por qué te sientes mal (y qué hacer)

    el verano del estudiante de arquitectura: por qué te sientes mal (y qué hacer)

    El verano del estudiante de arquitectura se supone que es la mejor parte del curso. Aprobaste, descansaste… y aun así te sientes raro. En este artículo vemos por qué pasa eso que casi nadie cuenta: la culpa de descansar, la trampa del verano productivo y el síndrome del impostor que aprieta justo en la pausa. Y, sobre todo, qué puedes hacer para vivir el verano sin que te pese.

    leelo

    ¡Hola curiosos!

    Bienvenidos a miradapropia. Hoy os traemos un vídeo distinto: no van consejos de productividad ni de entregas, sino algo de lo que casi nadie habla sobre el verano del estudiante de arquitectura: por qué, cuando por fin paras, te sientes peor en lugar de mejor.

    Aprobé. Descansé. Y nunca me sentí peor. Si te ha pasado, no eres el único, ni de lejos. Vamos a ver las tres cosas que te pasan por dentro en verano y qué hacer con ellas.


    Lo que de verdad sientes en el verano del estudiante de arquitectura

    1. La culpa de descansar

    Llevas nueve meses de entregas a las 11:59 y noches sin dormir. Arquitectura te enseña, sin decírtelo nunca en voz alta, que sufrir es la señal de que te importa: que cuanto más te dejas la piel, mejor estudiante eres.

    El problema es que esa idea no se apaga en julio. Así que cuando por fin paras, tu cabeza no lo interpreta como descanso. Lo interpreta como abandonar tu puesto. Por eso descansar no te descansa: te sientes culpable mientras lo haces. Y esa culpa, muchas veces, no se suma al cansancio — es el cansancio.

    Quédate con esto: descansar no es lo contrario de trabajar, es parte de trabajar. Tu cabeza necesita vaciarse para volver a tener ideas. Un estudio que nunca apaga las luces no es más productivo; está más cerca de apagarse del todo.

    2. La trampa del verano productivo

    Es esa vocecita que dice: «tengo dos meses, voy a ponerme al día con todo». Y aparece la lista:

    • Aprender Rhino de una vez
    • Hacer un curso de Revit
    • Rehacer el portfolio entero
    • Leer por fin los libros pendientes desde primero

    Aprender en verano no tiene nada de malo. El problema es de dónde nace esa lista: no nace de las ganas, nace del miedo a quedarte atrás. Es la misma exigencia del curso, pero ahora sin nadie que te ponga una fecha de entrega, así que no termina nunca.

    El filtro es simple: de toda esa lista, quédate con una sola cosa. La que te apetezca de verdad, no la que quede bien en el currículum. Una cosa, desde las ganas. El resto puede esperar a septiembre.

    3. El síndrome del impostor aprieta en la pausa

    Lo lógico sería que las dudas sobre si vales para esto apretaran en plena entrega, con el estrés a tope. Pues es justo al revés. El síndrome del impostor aparece sobre todo en los momentos de cambio, y el verano es exactamente eso: frenas de golpe, llega el silencio, y aparece la pregunta: ¿valgo para esto, o solo he sobrevivido?

    Y entonces abres Instagram. Prácticas en estudios increíbles, viajes de arquitectura, proyectos personales preciosos. Todo el mundo parece subir mientras tú sigues parado. Pero lo que ves en redes es la versión editada de la vida de otra persona: estás comparando tu detrás de cámaras con el estreno de los demás. Nadie sube el día que no se levantó de la cama. Si quieres entender mejor por qué nos pasa esto, este resumen sobre el síndrome del impostor lo explica bien.


    Qué hacer con todo esto este verano

    Lo primero, y lo más importante: la culpa, la exigencia y las dudas no son señal de que vales menos. Son señal de cómo es esta carrera: intensa, larga, exigente. Es normal que deje huella. Sentirte así no te convierte en mal estudiante; te convierte en alguien que pasa por algo que vive muchísima gente, en silencio, al mismo tiempo que tú.

    Y lo segundo: esto se puede gestionar.

    • Descansa de verdad las primeras semanas, sin culpa, sabiendo que es parte del proceso.
    • Elige una sola cosa que te apetezca y suelta el resto.
    • Cuando llegue la comparación, recuerda que el feed miente.

    Nada de esto va de rendir más. Va de tratarte un poco mejor durante dos meses. Porque en septiembre vas a volver, y vas a volver mucho mejor si vuelves descansado que si vuelves arrastrándote.


    El verano del estudiante de arquitectura, sin que te pese

    Si algo de esto te ha resonado, cuéntamelo en los comentarios: ¿cómo vives tú el verano de verdad, sin el filtro? ¿Qué es lo que más te cuesta? Te aseguro que en cuanto alguien lo escriba, va a haber diez personas respondiendo «pensaba que era el único».

    Y si en septiembre quieres volver con buen pie, no te pierdas nuestro asistente de software con atajos, plantillas y flujos de trabajo para AutoCAD, Revit, SketchUp y más. Para encontrar más consejos como estos, visita miradapropia.org.

    ¡Hasta la próxima!

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  • 7 consejos infalibles para la entrega final en arquitectura

    La entrega final arquitectura es uno de los momentos más estresantes de la carrera. Aquí tienes los 7 consejos infalibles que nadie te da para sobrevivirla bien: cómo priorizar la noche anterior, planificar la lámina pensando en cómo se ve desde lejos, llegar de los primeros y aprovechar lo que no puedes controlar.

    leelo

    ¡Hola curiosos!

    Bienvenidos a miradapropia. Hoy os traemos uno de esos vídeos que de verdad marca la diferencia: los 7 consejos infalibles que nadie os da para la entrega final arquitectura.

    A estas alturas del curso ya sabéis que la entrega final es un caos: el tiempo se os echa encima, tenéis mil cosas que hacer y la organización ya no es una opción. Lo único que queda es sobrevivir bien.

    Por eso este vídeo no va sobre cómo organizar el cuatrimestre. Va sobre qué hacer cuando ya no tienes tiempo de organizarte.


    Lo que sí puedes controlar en la entrega final arquitectura

    1. Prioriza lo que de verdad importa

    La noche anterior solo tenéis que hacer dos cosas:

    1. Mirar todo lo que os queda por hacer
    2. Hacer lo que os dé tiempo

    Pero no todo es igual de importante. Lo importante es eso que hace que el proyecto se entienda:

    • Si tu proyecto va de programa → ese diagrama de programa
    • Si va de estética → ese render, vista 3D o axonométrica
    • Si va de organización en planta → esa planta tiene que estar perfecta

    No te disperséis. Identificad qué es lo más importante de vuestro proyecto y haced que esa pieza esté perfecta.

    2. Planifica la lámina pensando en cómo se ve desde lejos

    El profesor no se va a acercar a dos centímetros del papel para descifrar lo que pones. Va a mirar la lámina desde lejos.

    Por eso, lo importante es la composición a distancia:

    • Si una pieza se ve densa, las demás también tienen que verse así
    • Si una pieza se ve más ligera, mantened el mismo nivel en el resto
    • Para llenar una planta vacía: añadid tramas, baldosas, personitas, plantas — lo que sea para equilibrar

    Una lámina mal compuesta hunde un proyecto bueno. Una lámina bien compuesta puede salvar un proyecto regular. Si necesitas inspiración, puedes ver ejemplos de buenas láminas de estudiantes en plataformas como ArchDaily.

    3. Duerme. Aunque sean dos horas

    Sí, la entrega es mañana. Sí, falta mucho por hacer. Pero planificad dónde vais a parar.

    Si no, se os hace de día, llegáis fundidos y arruináis la presentación. Cuatro horas, tres, dos — lo que sea. Pero descansad algo.

    4. Llega de los primeros

    Esto parece una tontería, pero es uno de los consejos más infravalorados y más útiles. ¿Por qué?

    Puedes elegir el lugar de presentación. Algunos incluso lo eligen la noche anterior. ¿Y por qué importa eso? Por la luz:

    • Evita luces directas desde el techo (te dan sombras feas en la cara y el plano se ve mal)
    • Aprovecha la luz solar lateral si puedes — cerca de una ventana, mejor del este
    • La diferencia entre presentar con buena luz o con mala luz es enorme

    Puedes corregir imprevistos. Si la maqueta se ha desmontado un poco con el viaje en metro, tienes tiempo de arreglarla. Si se ha roto un plano, tienes tiempo de pegarlo. Tener margen es invaluable.

    Puedes repasar la presentación. No tienes que ensayarla mil veces. Solo:

    • Elegir dónde te vas a colocar
    • Saber por dónde empiezas y por dónde acabas
    • Tener 3 o 4 frases clave preparadas

    Con eso ya haces una presentación de notable.

    Puedes hacer que los profesores estén cómodos. Si están cómodos en su silla y ven bien desde lejos, no se levantarán a mirar de cerca — y tú con tus palabras puedes rellenar lo que no se ve.


    Lo que no puedes controlar de tu entrega final (pero debes tener en cuenta)

    5. Cuándo te toca presentar

    Si presentas justo antes o después de comer, los profesores van a estar cansados y tu presentación se les hará larga.

    • Si has dado buena imagen durante el curso: deja que se queden con esa imagen general
    • Si crees que esta presentación es tu oportunidad de mejorar la imagen: evita esos dos momentos a toda costa

    6. La atención de tus compañeros

    Si presentar delante de todo el mundo te pone nervioso, presenta pronto. Mientras tú expones, los demás están metidos en sus propios proyectos, no están pendientes de ti. Estás básicamente solo con los profesores.

    Si tu proyecto es muy bueno, no te preocupes — todo el mundo querrá ver cómo es. Si no lo es tanto, tampoco te preocupes — nadie se va a fijar especialmente en ti porque ellos también están agotados.

    7. El entorno

    Frío, calor, luz, ruido. No los controlas. Pero sí controlas dónde te colocas dentro de ese entorno.

    Si los profesores están incómodos, lo único que querrán son cuatro frases rápidas para entender el proyecto. No tendrán paciencia para detalles. Si controlas que la luz sea buena, el sitio adecuado y se vea bien desde donde están sentados, les das una razón menos para querer acabar rápido.


    El consejo más importante para tu entrega final arquitectura

    A estas alturas del curso vuestro proyecto ya es lo que es. Lo que diferencia un aprobado raspado de un notable no es lo que añadáis esta noche, sino cómo presentáis lo que ya tenéis.

    Una buena lámina, un buen sitio, una buena luz, llegar pronto, descansar algo, presentar tranquilos. Esos detalles aparentemente menores son los que van a hacer la diferencia.

    ¿Cuál es el consejo que más te ha sorprendido? ¿Cuál crees que vas a aplicar? Déjamelo en los comentarios.

    Si quieres ahorrar tiempo en tus próximas entregas, no te pierdas nuestro asistente de software con atajos, plantillas y flujos de trabajo para AutoCAD, Revit, SketchUp y más. Y para encontrar más consejos como estos, visita miradapropia.org.

    ¡Hasta la próxima!

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  • cómo dominar el software de arquitectura sin perder horas buscando tutoriales

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    asistente de software

    asistente-software.miradapropia.org

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    ¡Hola curiosos!

    Bienvenidos a miradapropia. En el vídeo de hoy os traigo una herramienta que, como estudiantes de arquitectura, os va a ahorrar muchísimo tiempo durante toda la carrera y especialmente en los proyectos más importantes: el asistente de software que hemos creado en la sección Taller de nuestra web.

    ¿Os pasa que perdéis horas buscando atajos, preguntándoos cómo empezar un plano, cómo exportar correctamente o qué flujo de trabajo usar en cada programa? Pues este asistente está pensado exactamente para eso.

    Dentro encontraréis:

    • AutoCAD, Revit, Rhino, Photoshop, Illustrator, InDesign y Lumion.
    • Listas completas de atajos de teclado (filtrables y buscables).
    • Un asistente de IA con Error Doctor, comparación de softwares, scripts, macros y flujos de trabajo paso a paso.
    • Plantillas y procesos desde cero hasta el PDF final.
    • Plugins gratuitos que realmente valen la pena.
    • La sección Modo Proyecto, donde según estéis haciendo un TFG, un PFC, un proyecto de urbanismo o simplemente planos, os recomienda el flujo más eficiente (SketchUp + Rhino para concepto, AutoCAD para planos, Lumion para renders, InDesign para láminas…).

    Además, al final del vídeo os recomiendo dos canales que ofrecen cursos completos y gratuitos de AutoCAD, Photoshop, Illustrator, Revit y Lumion, con material descargable incluido.

    Esta herramienta está pensada 100% para estudiantes y profesionales de arquitectura que quieren dejar de perder tiempo buscando tutoriales sueltos y centrarse en lo que realmente importa: proyectar.

    Si estás en primero o ya en el TFG, entra ahora mismo en la web de miradapropia, ve a la sección Taller → Asistente de Software y pruébalo. Te aseguro que va a convertirse en tu mejor aliado durante toda la carrera.

    ¿Quieres que añadamos más programas al asistente? Déjamelo en comentarios y lo incluimos cuanto antes.

    ¡Hasta la próxima!

  • empieza a medir

    enlaces de interés

    google earth

    dimensions.com

    arrevol

    neufert, arte de proyectar en arquitectura

    leelo

    ¡Hola, curiosos!

    Hay un consejo súper básico pero que marca la diferencia entre una planta “aceptable” y una planta que parece hecha por un arquitecto de verdad: saber medidas de memoria.

    En este artículo te explico paso a paso cómo hacerlo (exactamente como se explica en el vídeo) para que, cuando estés en un examen, en un ejercicio o en tu TFG, ya no tengas que parar a medir cada cosa.

    1. Mide calles y avenidas (nunca más dibujes una calle de 5 m en el centro de Madrid)

    Usa Google Earth → herramienta Medir.

    Ejemplos reales que debes grabarte:

    • Calle normal de ciudad grande (Barcelona): 20 metros
    • Avenida principal: 52 metros
    • Calle del casco antiguo (Barcelona): 9 metros
    • Callejón peatonal muy estrecho: 3-4 metros (apenas cabe un coche)
    • Avenida enorme (Madrid): 86 metros
    • Calle secundaria con aceras y calzada: 14-30 metros

    Consejo de estudiante: Cuando dibujes un plano urbano, decide primero qué tipo de calle es y pon la anchura real. Tu profesor lo notará.

    2. Profundidad de edificios y patios interiores (evita edificios oscuros)

    En edificios de ciudad, la distancia desde fachada a patio interior suele estar entre 10 y 13 metros.

    ¿Por qué? Porque así cada habitación tiene luz y ventilación por los dos lados. Las construcciones suelen ir en módulos de 5 × 5 m, por eso 10 m es lo más habitual.

    Regla rápida: Si tu edificio en planta es más profundo de 12-13 m sin patio, probablemente estará oscuro. ¡Corrígelo!

    3. Pasillos y puertas (medidas que todo arquitecto debe saber)

    • Pasillo antiguo: 0,7 m
    • Pasillo actual (CTE): mínimo 1,1 m
    • Puerta estándar actual: 0,8 – 0,9 m
    • Puerta pequeña (antigua): 0,6 – 0,7 m

    Prueba ahora: mide el pasillo de tu casa. Si es muy estrecho, seguro que es una vivienda antigua.

    4. Habitaciones y baños (tamaños mínimos cómodos)

    Habitación mínima cómoda:

    • Cara más corta: 3 metros
    • Otras caras: 4 – 5 metros

    Baño / aseo:

    • Ancho mínimo: 1,5 metros
    • Largo mínimo: 2,5 metros

    Mide las habitaciones de tu propia casa. Verás que casi todas cumplen estas reglas.

    5. Muebles estándar (para que todo te quepa a la primera)

    Silla:

    • Altura asiento: 45 – 50 cm (lo más importante)
    • Anchura: 45 – 50 cm

    Mesa de comedor:

    • Altura: 65 – 75 cm
    • Ancho habitual (para 2 personas frente a frente): 90 cm
    • Largo típico: 150 cm o múltiplos

    Sofá:

    • Altura asiento: 30 – 40 cm
    • Profundidad: 60 – 65 cm

    Cama (colchón):

    • Largo estándar: 200 cm (siempre)
    • Ancho: 90 cm (individual), 140 cm, 160 cm, 180 cm (matrimonio)
    • Altura de la estructura: 20 – 40 cm

    Consejo práctico: Cuando coloques muebles en planta, ya sabes si caben o no sin tener que buscar en internet.

    Tarea para ti HOY (15 minutos)

    1. Abre Google Earth.
    2. Mide 3 calles cerca de tu casa o universidad.
    3. Mide el pasillo y una habitación de tu casa.
    4. Apunta las medidas en un post-it o en tu cuaderno de croquis.

    A partir de mañana, cuando dibujes, ya las tendrás en la cabeza.

    ¿Cuál es la medida que más te ha sorprendido? ¿O qué otra cosa te gustaría saber de memoria (escaleras, alturas de techo, ventanas…)? Déjamelo en comentarios y hacemos un segundo vídeo o artículo con más medidas.

    Recursos rápidos:

    • Google Earth (gratis)
    • Código Técnico de la Edificación (CTE) – consulta online

    Espero que este consejo tan sencillo te ahorre muchísimo tiempo y te haga dibujar con más seguridad.

    ¡Hasta la próxima!

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  • cómo empezar a proyectar

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    ¡Hola, curiosos!

    En la carrera de arquitectura hay una verdad que nadie te cuenta el primer día: la diferencia entre aprobar y destacar está en cómo miras y cómo practicas.

    Hoy te traigo los 5 consejos más útiles y prácticos que he aprendido (y que siguen funcionando) para proyectar mejor. Todo basado en el método que usan miles de estudiantes que sacan muy buenas notas.

    1. Ten buenas referencias (y estudia a estos dos sí o sí)

    Lo primero y más importante: rodearte de proyectos buenos. Según lo que se enseña en todas las escuelas, hay dos arquitectos que todo el mundo debería conocer a fondo:

    • Le Corbusier (Villa Savoye, Villa Le Lac…): planta libre, pilotis, grandes ventanales, enmarcar el paisaje.
    • Mies van der Rohe (Farnsworth House, Pabellón de Barcelona, Crown Hall…): “menos es más”, formas rectas, proporciones perfectas.

    Consejo práctico: Cada vez que empieces un nuevo proyecto, busca 3-4 obras de estos dos y analízalas verbalizando: ¿por qué pusieron la escalera ahí? ¿por qué esa altura de techo?

    2. Copia (sí, copiar está permitido y es obligatorio)

    La clave número 1 de la carrera: saber copiar bien.

    Pasos prácticos:

    • Busca el plano de Can Lis (o cualquier obra que te guste)
    • Imprímelo, pásalo a iPad/tableta o dibújalo encima
    • Dibuja los muebles, las camas, los bancos… todo
    • Luego dibuja solo los volúmenes y las aberturas

    Así entrenas el ojo para proporciones, relaciones entre espacios y jerarquías.

    3. Mide todo con Google Earth (entrena tu escala mental)

    Esto parece una tontería pero es oro puro:

    • Mide volúmenes reales (Can Lis = 11 m × 23 m)
    • Mide anchura de carreteras (normalmente 5-6 m)
    • Mide fachadas de edificios cercanos

    Cuando tengas estas medidas en la cabeza, podrás dibujar directamente sin estar comprobando cada dos por tres.

    4. Usa la fotografía como herramienta de proyecto

    Los planos no lo son todo. La arquitectura se habita.

    Cuando veas una foto buena pregúntate:

    • ¿Cómo se integra la casa en el paisaje?
    • ¿Cómo entra el sol?
    • ¿Dónde están las carpinterías? ¿Por fuera o por dentro?

    Hacer tus propias fotos de obras te obliga a fijarte en detalles que de otra forma pasarías por alto.

    5. Practica todos los días (el consejo más importante)

    Busca un solar cualquiera en Google Earth → mídelo → pásalo a AutoCAD o dibújalo a mano alzada.

    La conexión cabeza-mano es la habilidad más valiosa que vas a desarrollar en toda la carrera.

    Tarea para ti hoy mismo (30-40 minutos): Elige una obra que te guste (Villa Savoye, Can Lis, Farnsworth…). Redibújala a mano esta tarde. Luego mide su volumen principal con Google Earth. Verás cómo mañana ya proyectas distinto.

    Recursos recomendados (gratis o muy baratos):

    • El Croquis (edición digital ≈ 16 €)
    • Libros Gustavo Gili (sección arquitectura)
    • WikiArquitectura, ArchDaily, IcArquitectura

    ¿Cuál de los 5 consejos vas a aplicar primero? Déjamelo en comentarios y lo comentamos juntos.

    ¡Hasta la próxima!

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