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  • qué visitar cerca de tu escuela de arquitectura: 54 obras a menos de 1h30

    qué visitar cerca de tu escuela de arquitectura: 54 obras a menos de 1h30

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    01 — madrid, alcalá y toledo

    02 — barcelona y sant cugat

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    10 — san sebastián, pamplona y bilbao

    11 — valladolid

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    13 — las palmas

    leelo

    ¡Hola, curiosos! La carrera de arquitectura no empieza en septiembre: empieza el día que empiezas a mirar los edificios de otra manera. Y para eso no hace falta haber pisado la escuela, basta con una tarde libre, un coche y saber a dónde ir.

    Aquí tienes el mapa completo. Hemos recorrido las 19 ciudades con escuela de arquitectura de España y reunido, para cada una, qué merece la pena visitar a menos de hora y media en coche. Son 54 obras entre imprescindibles y escapadas que casi nadie hace, que es donde está lo bueno. La regla es sencilla: todo lo que aparece está dentro de ese radio de hora y media desde una escuela. Cada obra tiene su enlace a Google Earth más arriba, en «Enlaces de interés», para que la veas en 3D antes de ir.

    Madrid, Alcalá y Toledo

    Madrid concentra ocho escuelas, así que empezamos aquí. La primera parada es el Gimnasio Maravillas, de Alejandro de la Sota, en la calle Joaquín Costa: desde la acera parece un muro más, y esa es justamente la lección, porque detrás se esconde la sección más estudiada de la arquitectura española del siglo XX. Es de esas obras que hay que ver a pie, porque desde el aire no cuentan nada.

    Después, Torres Blancas, de Sáenz de Oiza: un árbol de hormigón de 1969 en el que las terrazas curvas van creciendo alrededor del tronco de comunicaciones. En el paseo del Prado, el CaixaForum de Herzog & de Meuron, con la planta baja retirada para que el edificio parezca flotar y el jardín vertical de Patrick Blanc a un lado. Y, si puedes, el Hipódromo de la Zarzuela: las marquesinas de Eduardo Torroja, de 1935, son láminas de hormigón que se afinan hasta unos pocos centímetros de canto y todavía parecen un truco.

    ¿La escapada? Toledo entero, a una hora. Y un apunte: en Toledo y en Alcalá también hay escuela, así que, si estudias allí, la ecuación se invierte y Madrid es tu escapada.

    Barcelona y Sant Cugat

    En Barcelona el problema no es qué ver, sino elegir. El consejo es empezar por el Pabellón de Mies van der Rohe y pasar media hora dentro, sin prisa y sin móvil: desde el satélite casi no existe, y esa es la primera lección, que hay arquitectura que solo vive a la altura de los ojos.

    A veinte minutos, en Sant Just Desvern, está Walden 7: el sueño de Ricardo Bofill, un pueblo entero metido en un edificio rojo, con patios y puentes por dentro, y con la antigua fábrica de cemento donde montó su estudio justo al lado. Y la escapada que casi nadie hace, a cincuenta minutos, es el cementerio de Igualada, de Enric Miralles y Carme Pinós: desde el aire es una cicatriz en el paisaje, un camino que baja entre taludes de nichos, y se recorre en silencio. Si estudias en la ETSAV, en Sant Cugat, tienes además un claustro románico a cinco minutos de clase.

    Girona

    Girona tiene truco. La ciudad ya vale el viaje —el Barri Vell y una catedral con la nave gótica más ancha del mundo, veintitrés metros sin una sola columna—, pero el motivo real de esta parada está a cincuenta minutos, en Olot. Es territorio de RCR, el estudio que ganó el Pritzker en 2017 sin moverse de su comarca.

    Busca el estadio de atletismo de Tossols-Basil: una pista encajada en el bosque sin talar un solo árbol, con los troncos formando parte de la instalación. Así trabaja RCR, dejando que el paisaje mande. Y a cinco minutos, los pabellones de Les Cols: acero cortén, vidrio y niebla volcánica. Si empiezas en Girona, empieza por ahí.

    Reus y Tarragona

    Reus presume de ser la ciudad natal de Gaudí, pero lo que se visita de verdad es otra cosa: la Casa Navàs, de Domènech i Montaner, en plena plaza del Mercadal, uno de los pocos interiores modernistas que se conservan completos. Del mismo arquitecto es el Institut Pere Mata, un psiquiátrico modernista organizado en pabellones entre jardines.

    A quince minutos, Tarragona: dos mil años de anfiteatro romano en primera línea de mar, con la muralla y el acueducto para completar el día. Y la escapada buena son las catedrales del vino de Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí, repartidas por el Priorat y la Terra Alta. La de Pinell de Brai, a una hora, se visita por dentro: bóvedas de catedral al servicio de una cooperativa agrícola, en un pueblo de mil habitantes.

    Valencia y Alicante

    En Valencia está, cómo no, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, de Calatrava. Recórrela con ojos de estudiante —estructura, escala, materiales, mantenimiento—, porque es lo más fotografiado y lo más discutido de su autor y conviene sacar conclusiones propias. Dentro del mismo complejo, las láminas de hormigón del Oceanogràfic son herencia de Félix Candela. Y en el centro, la Lonja de la Seda: gótico civil del siglo XV, con columnas helicoidales que parecen palmeras torcidas, Patrimonio de la Humanidad.

    Si estudias en Alicante, tu propio campus es un catálogo de arquitectura española de los noventa, con el museo semienterrado de Alfredo Payá como pieza estrella. Y la escapada la compartís las dos escuelas: Calpe, con la Muralla Roja de Bofill —la de todas las fotos— y Xanadú al lado. Son residenciales privados, se ven solo desde fuera y, aun así, el viaje compensa: cincuenta minutos desde Alicante, hora y cuarto desde Valencia.

    Cartagena y Murcia

    Cartagena es de las escuelas con más suerte, y casi nadie lo dice. Sin salir de la ciudad tienes el auditorio El Batel, de Selgascano, una caja translúcida asomada al puerto que de noche se enciende como una lámpara, y el Museo del Teatro Romano, de Rafael Moneo: el teatro está incrustado en pleno centro y el museo te lleva por debajo de las casas hasta desembocar en la grada. Una lección de cómo se entra en una ciudad histórica.

    A cuarenta y cinco minutos, Murcia, con el edificio municipal de Moneo plantado frente a la catedral: una fachada pensada como un retablo. Compara las dos obras del mismo arquitecto y ya tienes hecho tu primer análisis del curso.

    Sevilla

    En Sevilla, la parada contemporánea son las Setas, de Jürgen Mayer: una de las estructuras de madera más grandes del mundo flotando sobre el casco histórico, y un debate permanente sobre lo que cuesta un icono. Después baja al Real Alcázar, porque el mudéjar es la primera prueba de que la arquitectura española nunca fue de un solo estilo. En la Cartuja, el Pabellón de la Navegación, de Vázquez Consuegra, es lo mejor que dejó la Expo del 92.

    Y la escapada: Itálica, a veinte minutos, un anfiteatro romano para veinticinco mil personas que probablemente tendrás casi para ti.

    Granada y Málaga

    Granada juega con ventaja. La Alhambra no es una visita, es la asignatura que vas a repetir todos los años de la carrera: desde arriba se lee la lógica de la colina —los palacios, los patios, el agua bajando desde el Generalife— y da igual cuántas veces vuelvas, porque cambia con la estación. En clave contemporánea, el Museo de la Memoria de Andalucía, de Campo Baeza, responde con un patio elíptico al palacio de Carlos V. Y un detalle: tu propia escuela, en el Campo del Príncipe, es una rehabilitación premiada de Víctor López Cotelo, así que estudiarás dentro de una lección.

    A hora y media, Málaga: el cubo de colores del Pompidou en el Muelle Uno y la Alcazaba, con sus patios de agua y sombra, como versión de bolsillo de lo que viste en Granada. Los dos bloques se cruzan, porque desde cualquiera de las dos escuelas tienes la otra ciudad a tiro.

    Zaragoza

    Zaragoza es la ciudad donde las exposiciones dejaron huella. De la Expo de 2008 quedan el Pabellón Puente de Zaha Hadid, tumbado sobre el Ebro como un nenúfar y hoy reconvertido en Mobility City, y la Torre del Agua. Del siglo XI, la Aljafería: yeserías que son puro encaje, joya del arte taifa y hoy sede de las Cortes de Aragón. Y del presente, el CaixaForum de Carme Pinós, con dos cajas suspendidas sobre el vestíbulo. Todo esto, sin coger el coche.

    San Sebastián, Pamplona y Bilbao

    El norte es un triángulo perfecto. En San Sebastián, el Kursaal de Moneo: dos cubos de vidrio varados en la desembocadura del Urumea, girados a propósito porque pertenecen al mar y no a la calle, y que de noche son dos linternas. Al final de Ondarreta, el Peine del Viento, donde Chillida y Peña Ganchegui demostraron que una plaza puede ser el final del mundo; y a quince minutos, Chillida Leku, el caserío y el bosque donde vive su obra.

    Si estudias en Pamplona, tienes el Museo Universidad de Navarra, también de Moneo, dentro del campus, y a veinte minutos el Museo Oteiza, en Alzuza, un cubo de hormigón rojizo de Sáenz de Oiza. Y desde San Sebastián, Bilbao a una hora: el Guggenheim de Gehry —titanio retorciéndose en la ría, el edificio que cambió una ciudad entera—, el metro de Foster y la Azkuna Zentroa. Un fin de semana y has visto medio siglo de arquitectura.

    Valladolid

    Valladolid tiene lo suyo —la fachada de San Pablo, tallada como un retablo de piedra, y el Museo Patio Herreriano, arte contemporáneo en un antiguo monasterio—, pero su verdadero superpoder es la posición. A una hora, Zamora: el Consejo Consultivo de Campo Baeza, una caja de vidrio dentro de un recinto de piedra, más una de las mayores concentraciones de románico de Europa.

    A hora y media, León, con el MUSAC de Mansilla y Tuñón, cuya cubierta en dientes de sierra y fachada de vidrios de colores traducen una vidriera de la catedral que tienes a diez minutos. Y a hora y cuarto, Salamanca. Pocas escuelas tienen tanto en un radio tan corto.

    A Coruña

    En A Coruña tienes la Domus, de Arata Isozaki, una vela curvada de pizarra frente al mar, y la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo que sigue en funcionamiento: dos mil años encendido. Pero la escapada es de las mejores del mapa: Santiago, a menos de una hora.

    Allí está el CGAC de Álvaro Siza, granito gallego y luz medida, y en el monte Gaiás la Cidade da Cultura de Eisenman: la colina entera convertida en edificio, con las calles talladas como una concha. Gigantesca, inacabada, polémica. Precisamente por eso hay que pisarla, para formarte una opinión propia, que de eso va este canal.

    Las Palmas

    Y cruzamos a Canarias. En Las Palmas tienes el CAAM, con la intervención blanca de Sáenz de Oiza escondida tras una fachada histórica de Vegueta, y el Auditorio Alfredo Kraus, de Óscar Tusquets, cerrando la playa de Las Canteras como un castillo frente al Atlántico. Entre ambos, una ciudad llena de racionalismo de Miguel Martín-Fernández de la Torre. En una isla, hora y media de radio te lo da prácticamente todo.


    Hasta aquí el mapa. Un último consejo: no intentes verlo todo. Elige dos o tres sitios y ve con calma, que mirar despacio es la mitad del oficio.

    Y si todavía no sabes dónde vas a estudiar, en universidades.miradapropia.org tienes el buscador con todas las escuelas de arquitectura de España, sus notas de corte y la búsqueda por cercanía. Cuéntanos en los comentarios de qué escuela eres y qué has visitado, que este canal se construye con eso. ¡Hasta la próxima!

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  • copenhill, big en copenhague

    copenhill, big en copenhague

    atlas de obras analizadas

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    big

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    dezeen

    leelo

    ¡Hola, curiosos!

    Seguro que has visto este edificio en instagram, en algún reel o en un vídeo de esos de «los edificios más locos del mundo». Se llama CopenHill (también Amager Bakke), está en Copenhague y lo firma big, el estudio de Bjarke Ingels. Es una planta que quema basura para hacer energía… y que tiene una pista de esquí en la cubierta. Sí, has leído bien: esquías encima de una incineradora.

    Pero hoy no nos quedamos en la foto. vamos a diseccionar por qué funciona y por qué no, qué estrategias puedes robar para tus proyectos y qué te conviene mirar con ojo crítico. y sí, vamos a hablar de si la gente de verdad sube a esquiar.

    1. la máquina manda: la forma viene de dentro (lección #1)

    Lo primero que tienes que entender es que esa cubierta inclinada tan icónica no es un capricho formal. Dentro hay una planta de tratamiento de residuos, y sus máquinas —hornos, turbinas, filtros— se colocan por orden de altura: las más altas a un lado, las más bajas al otro. El resultado de meter todo eso ordenado es, literalmente, un volumen con una pendiente. La silueta del edificio es el dibujo de su maquinaria interior.

    Big lo cuenta como «un paisaje creado en el encuentro entre las necesidades de abajo y los deseos de arriba». Abajo, la técnica pide una forma; arriba, ellos vieron una montaña para esquiar. el proyecto es hacer coincidir las dos cosas.

    Lección directa: antes de buscar una forma bonita, mira qué forma te pide el programa. Muchas veces el edificio ya quiere ser algo por dentro, y tu trabajo es escucharlo, no pelearte con él.

    2. sostenibilidad hedonista: la idea que lo explica todo (lección #2)

    Aquí está el concepto que sostiene el edificio entero, y es de los que se te quedan: sostenibilidad hedonista. La idea de Bjarke Ingels es que una ciudad sostenible no tiene por qué ser un sacrificio; puede ser, además, más divertida de habitar. En vez de esconder la planta de basura como algo feo y necesario, la convierten en el sitio donde vas a esquiar, escalar y tomarte algo con vistas.

    Por los números, la planta quema 440.000 toneladas de residuos al año y los convierte en electricidad y calefacción para unos 150.000 hogares. Es de las incineradoras más limpias del mundo: tan limpia que tiene vecinos a 200 metros y está a menos de 2 km de la residencia de la reina. Encaja con el plan de Copenhague de ser la primera ciudad neutra en carbono en 2025.

    Lección directa: una idea clara y comunicable vale oro. Si puedes resumir tu proyecto en un concepto que cualquiera entienda y recuerde, tienes media batalla ganada —con el cliente, con el tribunal y con la gente.

    3. una piel para una caja sin gente dentro (lección #3)

    La fachada es una piel continua e igual por todo el edificio: ladrillos de aluminio de 1,2 m de alto por 3,3 m de ancho, apilados y solapados como escamas gigantes, con huecos acristalados entre medias. Y aquí hay una decisión de proyecto muy didáctica: esa piel uniforme se la pueden permitir porque dentro casi no hay personas, hay máquinas.

    Piénsalo: si dentro vivieras o trabajaras a jornada completa, tendrías que preocuparte mucho de la orientación, del sol, de las vistas, de no achicharrarte en la fachada sur. Como aquí dentro es una planta de residuos, el sol y la orientación dan casi igual, y por eso pueden envolverlo todo con la misma solución. La excepción son unas aberturas mayores en la cara suroeste, justo donde sí hay oficinas.

    Lección directa: el uso de dentro decide lo que puedes hacer fuera. Una solución de fachada no es buena o mala en abstracto: es buena o mala para un programa concreto. Aprende a leer qué te permite tu interior.

    4. la cubierta es el proyecto: una montaña artificial (lección #4)

    Lo que convierte esto en un edificio famoso es que la cubierta no se desperdicia: se transforma en una montaña pública. Hay 9.000 m² de pista de esquí con sus niveles (azul, roja, negra, como una estación de verdad), un sendero de 490 m para subir andando entre árboles y un tejado verde de 10.000 m² diseñado por los paisajistas sla, con 7.000 arbustos y 300 pinos y sauces. Un parque a 85 m de altura.

    Y fíjate en la sección, porque es donde se entiende el edificio: la cubierta pasa muy cerca de las máquinas, casi rozándolas, para aprovechar cada metro y a la vez generar la pendiente. Nada sobra. La topografía de la «montaña» es el negativo exacto de lo que hay debajo.

    Lección directa: la quinta fachada —la cubierta— es suelo que casi siempre tiramos a la basura. Pregúntate qué podría pasar ahí arriba. A veces el mejor espacio público del proyecto está en el techo.

    5. el muro de escalada: ¿por qué? ¿por qué no? (lección #5)

    En la fachada vertical más larga cuelga un rocódromo de 85 m, el muro de escalada artificial más alto del mundo. Y aquí toca ser honesto, porque es un arma de doble filo. Por un lado, mola: aprovechas una pared que ya existe y le das otro uso deportivo, coherente con la idea de «montaña».

    Por otro, se nota un poco la lógica del «¿por qué no?». Tienes esquí en el tejado y escalada en la fachada… ¿y por qué solo eso? No acabas de ver dónde empieza y dónde acaba la actividad. El gesto es potente para la foto y para el récord, pero como estrategia de uso queda algo suelto: dos actividades estrella y poco más alrededor.

    Lección directa: añadir programa «porque mola» no es lo mismo que tener una estrategia de usos. Un buen golpe de efecto necesita que lo de alrededor lo acompañe; si no, se queda en anécdota espectacular.

    6. el lado crítico: ¿y si está demasiado lejos? (lección #6)

    Vamos con lo que no se suele decir. CopenHill está en un polígono industrial, en la punta de Amager, relativamente lejos y mal conectado a pie. La mayoría de la gente llega en coche (mira las fotos: hay parking por todas partes). Y eso plantea una duda incómoda: ¿vas a cruzar media ciudad para esquiar diez minutos en una rampa de plástico, cuando hay sitios mejores para hacer deporte o disfrutar de la naturaleza?

    Hay otro detalle revelador. Los diagramas de big mostraban la idea de extender el parque y la actividad al entorno, más allá del propio edificio. Pero si miras la ortofoto hoy, eso no ha pasado: se ha quedado en el edificio. O no había dinero para seguir, o la idea sobre el papel era más ambiciosa que lo que la realidad pedía. La intención es buena —que un sitio de producir energía sea también un sitio para la gente—, pero el éxito de uso diario es más discutible que el éxito de imagen.

    Lección directa: la ubicación y la accesibilidad mandan tanto como el diseño. Un espacio público genial al que cuesta llegar acaba usándose menos de lo que promete el render. antes de enamorarte de la actividad, pregúntate quién va a venir y cómo.

    Conclusión. CopenHill es un caso buenísimo para estudiantes porque lo tiene todo: una idea potentísima y robable (la forma que nace de la máquina, la cubierta convertida en montaña pública, un concepto —la sostenibilidad hedonista— que se explica en una frase) y dudas muy didácticas (un programa de usos algo suelto, una ubicación aislada y un parque que se quedó a medias de lo que prometían los diagramas). Como imagen es imbatible y como manifiesto sobre cómo debería ser la infraestructura del futuro, también. Pero la arquitectura se mide en cómo se vive y se usa, no solo en lo bien que queda nevada desde un dron.

    ¿Estás de acuerdo con el análisis? ¿Subirías a esquiar a CopenHill o crees que está demasiado lejos para funcionar? Déjamelo en comentarios.

    ¡Hasta la próxima!

    Si quieres leer cualquier otra obra con este mismo orden, y de paso tu propio proyecto, el método está en cómo analizar una obra de arquitectura: 9 preguntas clave. Dos obras que siguen tirando de este hilo: valley, mvrdv en amsterdam, donde el paisaje también se fabrica en lugar de encontrarse, y mies van der rohe, resor house, que hace lo contrario y se limita a enmarcarlo.

  • biblioteca binhai, mvrdv en tianjin

    biblioteca binhai, mvrdv en tianjin

    atlas de obras analizadas

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    mvrdv

    archdaily

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    leelo

    ¡Hola, curiosos!

    Seguro que has visto esta biblioteca en instagram, en pinterest o en algún vídeo. Se llama biblioteca Binhai, está en Tianjin (China) y la firman mvrdv junto al instituto local tupdi. El atrio en forma de ojo, las estanterías que parecen las curvas de nivel de una montaña, la esfera luminosa en el centro… es una de las imágenes más virales de la arquitectura de la última década.

    Pero hoy no nos quedamos en la foto. vamos a diseccionar por qué funciona y por qué no, qué estrategias puedes robar para tus proyectos y qué te conviene mirar con ojo crítico. y sí, vamos a hablar del truco de los libros.

    1. el encargo y el volumen mandan (lección #1)

    La biblioteca forma parte de un plan cultural mayor para el distrito de Binhai, un masterplan del estudio alemán gmp con cinco edificios culturales (entre ellos, obras de Bernard Tschumi y Bing Thom). A mvrdv no le dieron libertad de forma: le dieron un volumen estricto —una caja— dentro de la que tenía que meterlo todo, fachada incluida.

    De esa limitación nace la idea. como no podían tocar el volumen, «rodaron» dentro de él la esfera del auditorio que pedía el programa, y el edificio simplemente le hizo sitio. Lo cuenta el propio Winy Maas: al no poder tocar la masa del edificio, metieron la bola dentro y el edificio se ahuecó para alojarla.

    Lección directa: la restricción no suele ser el enemigo del proyecto, muchas veces es el proyecto. Lo primero que tienes que leer no es lo que quieres hacer, sino lo que te dejan hacer.

    2. una sola idea: la estantería que es todo (lección #2)

    Aquí está el gesto que sostiene el edificio entero: una única estantería ondulante que sube por el atrio como las curvas de nivel de un paisaje y que, según dónde esté, es una cosa u otra. Peldaño para subir, asiento para leer, techo iluminado y, al salir al exterior, lama —la lámina horizontal que da sombra— en la fachada.

    Conviene entenderlo bien: este edificio se lee mucho mejor en sección que en planta. En planta ves una caja con un óvalo en medio; en sección ves la montaña de baldas envolviendo el vacío. si solo miras las plantas, te pierdes el proyecto.

    Lección directa: un único elemento, bien pensado, puede organizar todo un edificio. Busca el gesto que sirva a la vez para estructurar el espacio, moverte por él y resolver la fachada.

    3. the eye: un objeto para medir el vacío (lección #3)

    El atrio se ahueca con un óvalo que perfora las plantas, y ese hueco lo sostiene visualmente una esfera luminosa: dentro hay un auditorio para más de cien personas. Esa bola es «the eye», el ojo, y es lo que convierte un vacío enorme en algo con escala y con centro. Sin ella, el atrio sería un agujero; con ella, es una sala.

    A su alrededor, el programa se reparte por plantas según la luz que necesita cada uso:

    • bajo rasante: almacén de libros, archivo e instalaciones
    • planta baja: accesos, auditorio y zonas de lectura fáciles para niños y mayores
    • plantas intermedias: salas de lectura y zonas de estar
    • plantas altas: salas de reuniones, oficinas y salas de ordenadores

    Lección directa: un vacío grande necesita un objeto que lo mida. y el programa no se reparte por igual: cada uso pide su sitio según luz, acceso y relación con el espacio común.

    4. la balda es fachada: dentro y fuera, la misma geometría (lección #4)

    Lo más elegante del proyecto es la coherencia entre interior y exterior. Cada balda de la estantería no se queda dentro: cruza el cristal y se prolonga al exterior convertida en una lama que filtra el sol. Así, lo que organiza el interior —las curvas de nivel de libros— es exactamente lo que dibuja la fachada. el dibujo de dentro y el de fuera son el mismo.

    Lección directa: cuando un mismo detalle resuelve el interior y la fachada a la vez, el edificio gana en coherencia y en sentido. no diseñes la fachada como una piel que se pega al final; haz que nazca de lo que pasa dentro.

    5. el truco: muchos libros no son de verdad (lección #5)

    Y llegamos a la polémica. se anunciaron 1,2 millones de libros, pero la realidad es que en las baldas más altas los lomos no son libros: son imágenes impresas en placas de aluminio perforado. de ejemplares reales hay del orden de 200.000.

    ¿Por qué? Por el calendario. El edificio se proyectó y construyó en solo tres años —el más rápido de mvrdv hasta la fecha—, con una obra muy acelerada. con esas prisas, el acceso físico a las estanterías más altas se quedó por el camino y, sin acceso, no se podían llenar de libros de verdad. Mvrdv ya ha explicado que esos estantes pintados no eran su intención: fue una de las renuncias de un proyecto fast-track. Al final, la biblioteca acaba siendo más un homenaje a la idea del libro que una biblioteca de consulta al uso.

    Lección directa: una cosa es el edificio dibujado y otra el construido. el calendario y el presupuesto deciden tanto como el lápiz. y, sobre todo, ten claro qué es espacio real y qué es representación: que la foto no te haga creer algo que no está.

    6. el lado oscuro: espectáculo y uso real (lección #6)

    La sección es preciosa, pero tiene su coste. esas mismas baldas que sirven de escalera y de grada son peldaños irregulares, y se han registrado caídas, sobre todo de personas mayores. El edificio que en la foto es una montaña de libros, en el uso diario funciona más como un mirador para hacerse fotos que como una sala de estudio cómoda. de hecho, recibe del orden de 15.000 visitantes cada fin de semana: el éxito es brutal, pero es el de un destino turístico tanto como el de una biblioteca.

    Lección directa: el espectáculo se paga en habitabilidad y en seguridad si no lo cuidas. la escala humana —un peldaño que se sube sin tropezar, un sitio cómodo para leer una hora— no es un detalle menor: es lo que separa la imagen de la arquitectura.

    Conclusión. la biblioteca Binhai es un caso buenísimo para estudiantes porque tiene de todo: una idea potentísima y robable (la estantería que es a la vez escalera, asiento, techo y fachada; el objeto que ordena el vacío) y renuncias muy didácticas (los libros que no están, los peldaños que fallan, el uso real por debajo de la imagen). Winy Maas la llamó «the urban living room», el salón urbano de la ciudad, y como imagen funciona. Pero la arquitectura se mide en cómo se vive dentro, no solo en cómo se ve en una pantalla.

    ¿Estás de acuerdo con el análisis? ¿Qué le robarías y qué le cambiarías a la biblioteca Binhai si fuera tu proyecto? Déjamelo en comentarios.

    ¡Hasta la próxima!

    Para mirar esta obra con un orden, y usar ese mismo orden con tu proyecto, el método está en cómo analizar una obra de arquitectura: 9 preguntas clave. Y si quieres seguir tirando del hilo, dos obras que se leen bien al lado de esta: copenhill, big en copenhague, donde un programa técnico acaba siendo espacio público, y jm sostres, 4 apartamentos en torredembarra, en el extremo contrario de escala, para comprobar que las mismas preguntas funcionan igual en un edificio pequeño.

  • valley, mvrdv en amsterdam

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    mvrdv

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    leelo

    ¡hola, curiosos!

    seguro que has visto fotos de este edificio en instagram o pinterest. se llama valley, lo firma mvrdv y está construido en ámsterdam desde 2021. lo verde, las terrazas escalonadas, las torres pétreas que parecen una montaña… es uno de los edificios más fotografiados de europa de los últimos años.

    pero hoy no nos quedamos en la imagen. vamos a diseccionar por qué funciona y por qué no, qué estrategias puedes robar para tus proyectos y qué errores te conviene no copiar.

    1. el emplazamiento manda (lección #1)

    la parcela es alargada y orientada norte-sur en sus extremos. una situación normalmente ideal en climas cálidos, pero ojo: aquí estamos en holanda, así que la lectura cambia. el sol no es algo de lo que protegerse, sino algo que perseguir y meter dentro de las casas.

    los bordes condicionan el proyecto:

    • oeste: una gran avenida
    • sur: otra avenida más corta
    • norte: las vías del tren
    • este: campos de fútbol

    lección directa: antes de dibujar nada, dibuja las sombras. el sol y los bordes cuentan más de la mitad del proyecto.

    2. tres torres en lugar de patios interiores (lección #2)

    una parcela tan grande podría haberse resuelto con la receta clásica: una manzana maciza con patios de luces interiores. mvrdv hace lo contrario. levanta tres torres y abre los patios completamente, de fachada a fachada, dejando que el aire y la luz crucen el edificio.

    aunque en planta baja sigue la línea de la calle, en uno de sus extremos hace un gesto y deja una pequeña plaza pública. un detalle pequeño con mucho impacto urbano.

    lección directa: el patio interior no es la única manera de iluminar un edificio profundo. abrirlo hasta el exterior cambia todo.

    3. el valle público en la quinta planta (lección #3)

    aquí está la jugada más interesante del proyecto. en lugar de regalar la planta baja al espacio público (lo más habitual), mvrdv lleva el espacio público a la quinta planta.

    de la planta baja a la cuarta: parking, comercios y oficinas — los usos que no necesitan tanta luz. unas escaleras exteriores te llevan, como si fueras subiendo una montaña, hasta la quinta planta, donde aparece una zona común con una lámina de agua que ilumina las plantas inferiores.

    desde ahí hacia arriba: solo apartamentos, ya con todo el asoleamiento y ventilación que las plantas bajas no podían tener.

    lección directa: no siempre lo público va abajo. piensa en términos de qué necesita cada uso (luz, ventilación, accesibilidad) y colócalo donde el edificio te lo permita mejor.

    4. torres que se estrechan y fachadas que se excavan (lección #4)

    las tres torres no son volúmenes rectos. se van estrechando conforme suben, dejando aparecer terrazas y permitiendo que el sol llegue siempre a las plantas bajas. la torre norte es la más alta del conjunto a propósito: si las del sur fueran más altas, taparían el sol al resto.

    las fachadas a la calle son planas y rectas. solo se excavan donde interesa: hacia las vistas mejores y para meter más luz dentro. al edificio le importa el plano público hacia la calle y la vida interior hacia los patios y terrazas.

    lección directa: la sección manda. una torre que se estrecha hacia arriba no es una decisión estética, es una decisión de luz para todas las plantas.

    5. el cristal como espejo, no como transparencia (lección #5)

    tendemos a pensar que el cristal es transparente. en valley es más espejo que ventana. en la fachada que da al parque, el reflejo duplica los árboles dentro del propio edificio. en la fachada que da a los campos de fútbol, donde no hay nada interesante que reflejar, las fachadas son mucho más planas y cerradas.

    lección directa: el cristal no se elige por defecto, se elige por lo que tiene delante. si no hay nada que merezca reflejarse, mejor pensarlo dos veces.

    6. el lado oscuro: ventilación cruzada y asoleamiento (lección #6)

    aquí es donde se notan los costes de la arquitectura paramétrica. los apartamentos no se han dibujado a mano, los ha generado un software 3d siguiendo reglas. el resultado:

    • apartamentos con una sola fachada al sol, donde la cama y el salón acaban donde toca y los baños donde no llega luz
    • terrazas en la torre sur que casi no reciben sol porque la propia torre se hace sombra a sí misma
    • prácticamente cero ventilación cruzada, pese a tener tantísima fachada y tantísimas ventanas

    el edificio quiere parecerse a una montaña y ser muy bioclimático, pero al final estos fallos hacen que funcione, sí, pero por debajo de lo que su imagen promete.

    lección directa: el parametricismo es una herramienta, no una solución. la ventilación cruzada y el asoleamiento se diseñan, no se delegan al software.

    conclusión. valley es un caso perfecto para estudiantes porque tiene de todo: estrategias robables (las tres torres, el valle público, la sección que se estrecha) y errores evitables (apartamentos mal asoleados, ventilación cruzada inexistente). la imagen es espectacular, pero la arquitectura se mide en cómo se vive dentro.

    ¿estás de acuerdo con el análisis? ¿qué le quitarías y qué le añadirías a valley si fuera tu proyecto? déjamelo en comentarios.

    ¡hasta la próxima!

    Para mirar cualquier obra con el mismo orden, y también tu proyecto, tienes cómo analizar una obra de arquitectura: 9 preguntas clave. Y en la misma sección: biblioteca binhai, mvrdv en tianjin y copenhill, big en copenhague.